Recuerdo perfectamente la primera vez que fui a la que sería la segunda oficina de Inventarte.net, se trataba de la casa Eguren, o para decirlo con mayor propiedad, la casa del poeta José María Eguren, la cual acabábamos de rentar.

El hecho es que empezamos a pasear por cada una de las habitaciones de esta hermosa casa, “…y por aquí estarán las oficinas de Telúrica, por allá el Set…, más allá la Sala de Reuniones…, por acullá  las oficinas de Gerencia…”. Conforme avanzábamos, aparte de conocer la casa, lo que me quedaba cada vez más claro es que yo no tendría espacio en esta nueva oficina, en parte porque era el único no full time y en parte porque los Blogs.com.pe por esencia no necesitabamos oficina, nos bastaba una lap top y una conexión a Internet para hacer nuestro trabajo en cualquier parte del mundo.

De pronto llegamos al final del zaguán, y como si se tratara de un proceso mayéutico, se develó ante mis ojos un delicioso patio barrranquino, de esos de sol noble en el verano y brisa fresca en el invierno. Obviamente, en la realidad no existía frente a mi nada más que un patio republicano de paredes altas color ladrillo, algo cochino,  pero lo que yo en realidad veía era mi futura oficina, con mesas con sombrillas a falta de escritorios, ceniceros en vez de portalapiceros y por supuesto interminables tazas de café recién pasado.

Tal fue la claridad de esta visión que pude describir perfectamente las mesas que pondríamos y su ubicación. Desde aquella ocasión este noble recinto fue bautizado por el equipo de Inventarte como el Patio Novella, en honor a mi visión y probablemente a mi sueño de tener una oficina al aire libre, con ceniceros para los cigarros que ya no fumo y con el café aromático que aún me queda.

Hoy no estamos más en la casa Eguren, no tuve tiempo de despedirme de mi Patio, pero en mi mente siempre será el arjé de mi próxima oficina, esa que aunque no parezca, cada día está más cerca.